Piedra, niebla y memoria en el Puerto del Escudo
En el Puerto del Escudo, entre la montaña, la niebla y el viento, se alza una construcción que parece llegada de otro tiempo y de otro mundo: la llamada Pirámide de los Italianos, situada en el término municipal de Valle de Valdebezana, en Burgos, muy cerca del límite con Cantabria. A primera vista sorprende por su forma geométrica, por su aislamiento en el paisaje y por el contraste entre su aspecto monumental y la soledad que hoy la rodea. Pero este edificio no nació como una simple rareza arquitectónica, sino como un mausoleo levantado para honrar a soldados italianos muertos durante la Guerra Civil Española.
La guerra que explica su origen
Para entender este lugar hay que volver a 1937, cuando la Guerra Civil convirtió el norte peninsular en uno de los grandes escenarios del conflicto y el Puerto del Escudo pasó a ser una posición estratégica en el avance hacia Santander. En aquella ofensiva participó el Corpo Truppe Volontarie, el cuerpo expedicionario enviado por la Italia de Mussolini para apoyar al bando sublevado, y muchos de sus hombres murieron en los combates de la zona. La pirámide surgió después como respuesta política, militar y simbólica a esas bajas: un lugar donde reunir restos dispersos y convertir la muerte en un mensaje de exaltación y recuerdo oficial.
Arquitectura para imponer memoria
El mausoleo fue proyectado por el arquitecto Attilio Radic y construido entre 1938 y 1939 como un santuario funerario de estética muy marcada, vinculado al racionalismo italiano de entreguerras. La estructura, de unos 20 metros de altura, se realizó en hormigón armado y se revistió con placas calizas, de modo que su perfil blanco y severo destacara sobre la montaña como una presencia casi irreal. En su interior se organizó un espacio circular con 360 nichos para la tropa, una cripta inferior para oficiales y entradas de luz en forma de cruz, una combinación de arquitectura funeraria, liturgia y propaganda que daba al edificio una fuerte carga ceremonial.
Del santuario al abandono
La Pirámide de los Italianos fue inaugurada en 1939 y terminó de concentrar restos en los años siguientes, convirtiéndose durante décadas en lugar de homenaje para excombatientes y familias italianas. Sin embargo, el sentido del monumento empezó a quebrarse tras un grave accidente de autobús ocurrido en mayo de 1971, cuando un grupo de visitantes italianos regresaba de uno de esos actos conmemorativos por la carretera del puerto. Poco después, en los años setenta, los restos fueron retirados en gran parte hacia Italia y también hacia el Sacrario de San Antonio de Padua, en Zaragoza, dejando el edificio vacío y abriendo una larga etapa de deterioro, expolio y vandalismo.
Lo que representa hoy
Hoy la pirámide ya no es un mausoleo activo, sino una ruina histórica cargada de preguntas, porque a su singular valor arquitectónico se suma su relación directa con la intervención fascista italiana en España. Ese choque entre patrimonio y memoria democrática ha marcado el debate reciente sobre su futuro, hasta que en febrero de 2024 la Junta de Castilla y León la declaró Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, reconociendo su valor histórico y arquitectónico y exigiendo una lectura crítica de su significado. Por eso visitar hoy la Pirámide de los Italianos no es solo encontrarse con una construcción extraña en mitad del paisaje, sino entrar en un lugar donde la arquitectura, la guerra y la memoria siguen dialogando de forma incómoda con el presente.
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